Éste es un juego de descubrimiento y memoria que se puede realizar con niños y niñas muy pequeños e ir complicándolo hasta cualquier edad.

Se trata de esconder objetos bajo una manta, destaparlos tras unos segundos de observación e intentar recordar después el mayor número posible.

El juego con el que más han disfrutado mis hijos siempre ha sido el “cucú”, apareciendo y desapareciendo tras una cortina, un sofá o detrás de sus manos, tapándose los ojos. Ésta es una buena forma de iniciar a los/las más peques en este juego, trabajando con su propio cuerpo y la alegría, el asombro, una pizca de incertidumbre y la emoción que les produce verte y no verte por unos segundos.

El siguiente nivel de juego sería esconder uno de sus juguetes favoritos bajo la manta y es ahora ese objeto especial el que aparece y desaparece. Luego, sólo se trata de ir aumentando el nivel de reto, variando el número de elementos y los tiempos.

Es importante que estemos realmente presentes en el juego y que prestemos atención a si disfrutan, si lo hacemos muy fácil o muy difícil y si les damos poco o mucho tiempo.

Podemos esconder objetos novedosos, materiales que no conocen y todo tipo de cosas que despierten su curiosidad, convirtiendo el juego en una forma motivante de introducir una nueva actividad.

Se trata de divertirse juntos/as e interactuar. Les encantará ponernos a prueba al resto de la familia escondiendo cada vez más objetos para que los recordemos lo que nos ayudará a superarnos. ¡Un juego para disfrutar y jugar a lo largo de toda la vida, pegamento para familias!

Seguro que se te ocurren más variantes o alternativas. ¿Quieres compartirlas?
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