Las personas adultas nos asombramos cuando contemplamos a un niño o niña (a veces bebés aún) manejar el smartphone o la tablet y no podemos dejar de hacer comentarios del tipo «es que ya nacen con ellos». Es cierto que las y los niños y adolescentes actuales no son ajenos a la tecnología ya que ésta es de uso común en la sociedad en la que nacieron pero ¿realmente son nativos digitales o máis bien huérfanos digitales?  Saber como funciona el aparato ¿es suficiente para comprender su uso, su alcance o su relación con el entorno off y online? ¿Cuál es el papel que padres/madres, familia y educadores/as debemos desempeñar ante esta realidad?

Es una realidad que las y los pequeños son duchos en el manejo «manual» de la tecnología pero carecen de criterio a la hora de seleccionar contenido, de normas para manejarse en el mundo virtual, de conciencia sobre el alcance de sus acciones en la red… Todo esto no lo proporciona el uso (o abuso) de los medios digitales sino la presencia educadora de padres y madres; lo que les implica, por un lado, conocer y usar las TIC’s y por el otro, asumir que la función de éstas no es ser «niñeras virtuales».

Esta presencia educadora, este compartir y experimentar, este hablar de las ventajas pero también de los peligros y dificultades que entrañan las tecnologías es lo que marca la diferencia entre ser nativo digital o ser huérfano digital.

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