Cuando era pequeña, mi hermana y yo jugábamos a los nombres con mi madre. El juego consistía en que una de nosotras pensaba un nombre de persona y nos decía a las otras por qué letra empezaba y si era de hombre o de mujer. Las otras dos empezábamos a decir nombres hasta que lo acertábamos o nos rendíamos.

¿Fácil? Tal vez. Teníamos por casa calendarios con el santoral y cada vez que pillábamos un nombre nuevo y extraño disfrutábamos muchísimo.

Es un juego para todas las edades. Con peques empiezas con nombres que sepas que conocen, el propio, de sus amigos/as y de la familia y, a medida que crecen, vas subiendo el nivel. Cuando les toque pensar a ellos tú puedes decir nombres que no conozcan y así, al escucharlos, los pueden ir incorporando a su repertorio.

Y para llevarte a su terreno, hasta te pueden sorprender sugiriendo: “¿Y si jugamos con nombres de minerales?”

¿Has jugado a los nombres alguna vez? Cuéntanos sobre nombres raros. El más feo que me he encontrado yo es Porcario. Existe, de verdad, y espero que a nadie se le haya ocurrido nunca ponérselo a ningún niño.

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